La conectividad es uno de los nuevos paradigmas que lo dominan todo. En el proceso de cambio que vivimos -la tercera ola la llaman algunos (la primera fue el ordenador, la segunda internet)- nos encontramos ante un escenario donde personas y máquinas vamos a estar conectados, con grandes cerebros de inteligencia artificial que nos ayuden a gestionar y controlar todo. Esa red conectada nos permitirá tomar decisiones en tiempo real al conocer, de primera mano, la información necesaria para cada uno de nuestros negocios.

Este ecosistema está dando lugar a nuevas fórmulas de negocio nunca antes imaginadas en sectores muy tradicionales como la banca, la automoción o los seguros. Esta conectividad viene de la mano de la inteligencia artificial, la ciberseguridad, el cloud, el big data, y otras tecnologías transversales que están dando al humano un alcance y una velocidad de movimiento en lo que al dato se refiere nunca antes vista, impactando a nivel social, laboral y fiscal.

Estamos ante la mayor fuente de datos de la historia, infinita en tanto en cuanto será difícil que toda se gestione. La automoción y, por tanto, la movilidad de las personas, no es ajena a esta nueva ola y, junto con otros factores de sostenibilidad o de crecimiento de la población en las ciudades, están dando lugar a novedosas fórmulas de negocio como el bikesharing, motosharing, carsharing o tantas otras.

Es evidente que el modelo de movilidad que hoy tenemos, basado en el uso del coche privado principalmente, complementado con una red de transporte público más o menos eficiente, no es sostenible en la mayoría de las ciudades medianas y grandes, y la población cada vez es más consciente de ello. El futuro de la movilidad se basará en vehículos con energías renovables, autónomos y compartidos disminuyendo mucho el coche en propiedad.

Todo esto genera un ecosistema donde ninguna medida por si sola es la panacea, pero ninguna solución debe dejarse de lado; de la combinación de muchas de ellas surgirá una mejora plausible en el aspecto de la movilidad del mañana, siempre apoyado en las nuevas tecnologías.

Este cambio tendrá un gran efecto sobre ciertas industrias: la del automóvil, la de los seguros, la de los parkings, las infraestructuras de movilidad en general, porque impactará en su volumen de negocio, en sus beneficios o en la necesidad de más o menos empleados.

En este entorno se desarrolla cada vez a más velocidad el concepto de la movilidad como servicio o ‘MaaS’. Es sencillo y no es de ahora: poder convertir una necesidad que es un gasto fijo en un gasto variable, algo que ha venido haciendo el mundo empresarial tradicionalmente. Cambiaremos la adquisición de un vehículo en propiedad, por la utilización de uno no propio donde pagamos en función del kilometraje recorrido, del tiempo de uso, la categoría del mismo, o cualquier otro elemento que sea susceptible de ser medido en tiempo real y de forma analítica. Estamos en la era del dato, que es el nuevo oro, y la tecnología su gestor. Esto nos permitirá ajustar la demanda y la oferta de manera mucho más eficiente.

Por ejemplo, los elementos de movilidad personal (VMP) están dando un gran giro a la movilidad de las personas en las grandes ciudades al ser rápidos, económicos y ecológicos. También están causando gran controversia al no verse de momento incluidos en las categorías de vehículos a motor habituales y, por tanto, no ser homologados según las directivas de la Unión Europea, lo que produce que estén exentos de la obligatoriedad de un seguro (SOA).

Y en todo este cambio, las aseguradoras del ramo de Autos pueden llegar a sufrir una tormenta perfecta que haga menguar sus negocios si no realizan una transformación muy importante en los tiempos necesarios.

¿Quieres conocer más sobre la evolución del negocio asegurador en el ramo de autos gracias al ecosistema MaaS? El estudio ‘La nueva movilidad y futuro de Autos’, que acaba de lanzar INESE, te lo cuenta.