Coche Conectado

Las compañías aseguradoras han establecido siempre sus tarifas basándose en los datos históricos acumulados sobre sus clientes, a los que aplican algoritmos muy sofisticados. Ahora también incluyen además otro tipo de datos, más sociales y exógenos, siempre con el objetivo de determinar el riesgo de la mejor forma posible sobre un determinado perfil.

Ese perfil es el del tomador, que es quien firma la póliza y recibe la cotización. Todas las técnicas actuariales intentan definir de la forma más sofisticada posible la exposición al riesgo de ese tomador, catalogándolo dentro de un grupo determinado: hombres, mujeres, jóvenes, mayores, conductores novatos o veteranos… Esta catalogación es estática y prescinde del uso real que el tomador hace del recurso asegurado. Pensemos, por ejemplo, en alguien que solo coge el coche durante los fines de semana. Esa persona hoy por hoy es incluida en el mismo grupo de quien conduce a diario. O el padre que firma el seguro sobre el coche que, en realidad, conduce su hijo, que evidentemente tiene un perfil sociológico distinto. Por eso, resolver las discrepancias entre tomador y conductor (o conductores…) es la clave de éxito para la aseguradora, pero también para sus asegurados.

Por fin podemos saber cuál es el uso real que se hace del coche y de esa forma es más fácil determinar el perfil del usuario o usuarios que lo utilizan

Cuando se les da a elegir a las personas que suscriben un seguro de automóvil la gran mayoría prefiere que sus pólizas se calculen en función de sus características reales de conducción, más que sobre unos datos generales estáticos. De esta forma, pueden demostrar, por ejemplo, que un buen porcentaje de jóvenes conducen mejor que los adultos.

Hasta ahora, el perfil del tomador de la póliza no coincidía con el perfil del conductor, como si se tratase de una imagen 3D que no podemos ver con nitidez sin las gafas adecuadas. La telemática, conectando el recurso asegurado, se convierte en esas gafas necesarias para eliminar la distorsión existente y poder ver el riesgo en todas sus dimensiones, sin la incertidumbre que hasta ahora ha caracterizado la evaluación del riesgo y las prestaciones asociadas.

Por fin podemos saber cuál es el uso real que se hace del coche y de esa forma es más fácil determinar el perfil del usuario o usuarios que lo utilizan, prescindiendo de quién es el tomador de la póliza. Además, el seguro conectado nos permite conocer en tiempo real eventuales incidencias, mejorando la eficacia del servicio de la aseguradora.

Entonces el seguro conectado se convierte en una valiosísima herramienta de referencia para que los conductores tomen conciencia, descubran y, en su caso, corrijan hábitos de conducción que probablemente no sospechaban que tenían y cuya corrección puede incrementar de manera significativa su seguridad.

Por último, y no menos importante, la misma tecnología es una herramienta fundamental para la gestión y reconstrucción de los accidentes, con beneficios en seguridad, mejora de la siniestralidad y reducción del fraude.