David Ortega ToledanoUna vez finalizada la XXVI Edición de la Semana del Seguro 2019, las conclusiones de todos los asistentes y profesionales del sector han sido unánimes: “Existe una disrupción tecnológica que está teniendo un impacto directo en todos los sectores de actividad”. Lógicamente, el sector asegurador no podía ser una excepción.

En los últimos años, esta disrupción está teniendo una mayor intensidad y transformación en los sectores bancario y asegurador, dando lugar a cambios importantes en las compañías tradicionales en la forma en que hasta ahora han gestionado u ofrecido sus servicios, con la aparición de nuevos operadores que están influyendo directamente en el aumento de la oferta de servicios a elegir por los clientes.  Estas nuevas empresas se conocen como Insurtech y Fintech.

Dentro de este escenario tan revolucionario, el surgimiento de estos operadores está provocando un impacto directo en tres entornos: el formativo y empresarial, el tecnológico y el regulatorio.

Entorno empresarial

En vista de los retos que supone el proceso de digitalización en las aseguradoras, el entender al cliente y tener la capacidad de adaptarse con agilidad a los cambios serán puntos críticos que marquen la diferencia y generen un valor añadido frente a la competencia. Las empresas tradicionales del sector asegurador se han visto con ello obligadas a tener que cambiar el modelo tradicional por un enfoque mucho más orientado a cliente. Un foco con mayor eficiencia operativa aprovechando el conocimiento y experiencia que aportan los datos y que de esta manera se les otorgue a los clientes una oferta más personalizada.

En lo que respecta al mercado laboral, la búsqueda de futuros profesionales por parte de las empresas está conllevando a que se demanden titulaciones y experiencia curricular diferente a la actual. Seguirá siendo un requisito imprescindible la experiencia profesional previa dentro de un mismo sector a la hora de postular a un proyecto profesional, pero esto con el paso del tiempo, no será más que “la pescadilla que se muerde la cola”, si las empresas siguen demandando profesionales con experiencia, y el mercado sigue teniendo escasez de talento en ese sentido, se va a convertir en un círculo del cual va a ser cada vez más complicado entrar, cuando realmente es un círculo vicioso del cual se tiene que salir.

El mercado laboral seguirá solicitando profesionales más especializados, más formados y, sobre todo, actualizados a la realidad del momento. El individuo, por tanto, está destinado a estar dentro de una formación continua que la inmensa mayoría de sistemas educativos no serán capaces de cubrir.

Esto va a obligar a las empresas a desarrollar planes de formación que se adecuen a esta nueva realidad y que otorguen una regeneración del talento de tal forma que los principales centros educativos implanten programas formativos que se adapten a lo que las empresas y la propia tecnología están demandando.

Por desgracia,los avances tecnológicos son tan rápidos que la tecnología en sí cambia antes de que sea posible adaptar un contenido formativo a esa necesidad formativa. Las empresas que quieran sobrevivir en este nuevo entorno se van a ver obligadas realizar planes estratégicos más cortoplacistas y precisos en el tiempo, y tendrán que adaptarse ofreciendo soluciones ágiles y responsables a sus clientes. En lo que se refiere a sus propios trabajadores, se van a tener que ejecutar planes de formación consolidados que supongan un reciclaje constante del empleado.

Entorno tecnológico

La digitalización dentro del sector asegurador ha contribuido a cambios en cuestiones clave como la atención al cliente y la forma de gestionar el siniestro dentro de su comunicación, peritación o tramitación. También ha influido en los modos de acercarse al análisis de la realidad social, de sus clientes y del perfil del consumidor tecnológico, cuya creciente dependencia de la conectividad está implicando cambios en los hábitos de consumo.

Desde hace más de tres años, el sector de las insurtech se ha ido haciendo poco a poco un hueco y ya son una realidad en el sector asegurador español. Según la Asociación Española de Fintech e Insurtech, del número de insurtech que tenemos en España solo un 16% podrían catalogarse como empresas ya consolidadas, poco menos de la mitad de todas ellas (46%) serían empresas con más de tres años de funcionamiento, mientras que el 38% restante se considerarían startups.

Teniendo presente este dato, ha habido un crecimiento de las insurtech en 2018 y en 2019 se va a consolidar este crecimiento jugando un papel clave la colaboración por parte de las entidades aseguradoras tradicionales con estos players que han entrado al mercado.

En España está comenzando a verse esta clara tendencia por parte de las aseguradoras de interesarse en construir alianzas importantes de convivencia y colaboración. No dejan de ser sus potenciales proveedores de servicios y, en consecuencia, parte de su cadena de valor.

Entorno regulatorio

Junto a todo ello, la realidad actual dentro del sector asegurador y bancario muestra un cambio normativo importante que se ha endurecido tras la crisis económica y financiera, dónde va a ser habitual una adaptación constante a todas las exigencias regulatorias con el fin de que haya una mayor transparencia y protección hacia los consumidores de servicios financieros.

Dentro de los principales planes estratégicos de las compañías del sector, se va a encontrar la adaptación a esta regulación como una de las principales prioridades. Van a tener que asumir un rol proactivo y responsable. Esto está produciendo un exceso legislativo, lo que supone un relevante coste tanto a nivel económico como a nivel de recursos y tiempo.

Conclusión

De cara a 2019, se puede concluir, por tanto, que van a visualizarse muy habitualmente las alianzas estratégicas y proyectos, con especial hincapié en cambios disruptivos por parte de las compañías aseguradoras que aporten modelos de servicio y de negocio innovadores.

Participar en este nuevo escenario requiere conocer los nuevos participantes y nuevos modelos de servicio y de negocio a la hora de plantear nuevas estrategias y saber adaptarse a los cambios y riesgos que puedan producirse, así como de estar actualizado del marco regulatorio que plantea esta transformación.