chatGPT_movilLa irrupción generalizada de Chat GPT ha traído consigo la dificultad de determinar si la autoría de las obras presentadas han sido creadas por un ser humano o por Inteligencia Artificial. Por eso, coincidiendo con la proximidad del Día del Libro, Arag ha analizado la relación entre la regulación de los derechos de autor y los textos generados por IA.

En este sentido, Mª Belén Pose, directora de la Asesoría Jurídica de la entidad, explica que “en la legislación española, al igual que en la de la inmensa mayoría de países, el concepto de autor va indisolublemente unido a la persona natural que crea la obra literaria”. Por lo tanto, queda claro que Chat GPT no puede ser autor de una obra literaria.

De hecho, al interpelar a Chat GPT sobre esta cuestión, este, inicialmente afirma “si me pides un relato y yo te lo proporciono, en principio los derechos de autor corresponden a mí, ya que fui quién lo creó”. Pero finalmente acaba reconociendo que “es cierto que, como modelo de lenguaje basado en inteligencia artificial, no soy una persona natural en el sentido legal del término, por lo que técnicamente no puedo ser titular de derechos de autor”.

Pose indica que “sin duda, el tema de los derechos de autor, al igual que todas las cuestiones jurídicas relacionadas con la Inteligencia Artificial, será controvertido y dará mucho que hablar en el futuro”.

Detección de textos generados por IA

Respecto a los concursos literarios, junto a los sistemas antiplagio, han ido apareciendo nuevas herramientas que permiten la detección de textos generados por modelos avanzados de procesamiento de lenguaje natural, como la presentada por Open AI. Pero, por el momento, los resultados de este tipo de análisis no son del todo concluyentes.

Según investigadores de Google, algunas de las claves para detectar un texto escrito por Inteligencia Artificial es que suelen utilizar más palabras comunes y que sus textos no tienen errores gramaticales ni ortográficos. Los textos humanos, además, mezclan estilos y jergas que las IA no saben, de momento, imitar. Por lo tanto, parece que la creatividad humana todavía está por encima de cualquier algoritmo, aunque se debe seguir perfilando una mejor regulación sobre el tema.