Resulta fascinante la velocidad con la que se prueban y lanzan nuevas propuestas de productos y servicios en el mercado. Entre los más cercanos, por ejemplo, Muno, la agencia online de seguros participativos para autónomos de BBVA; drive&win, un seguro que premia con incentivos la buena conducción, que se puntúa mediante la recopilación por bluetooth de datos del coche en movimiento; o la app de DKV para ayudar a los ciudadanos a tener una vida más saludable.

Con independencia del mayor o menor éxito que vayan a tener, la lista de experiencias con las que poder aderezar un nuevo producto es tan apabullante como emocionante; y da cuenta de la buena salud de la que goza la innovación en esta industria.

Las tecnologías emergentes son propulsoras del cambio que vive el sector asegurador, en tanto en cuanto permiten a proveedores e intermediarios construir una experiencia de cliente mucho más rica y alineada con sus demandas; entre las que destacan el pago por uso y la colectivización del seguro. Tanto es así, que el concepto de riesgo cambia, las responsabilidades se diluyen y el servicio prevalece frente a la pura póliza de riesgo.

Ahora bien, las tecnologías no pueden ser un fin en sí mismo, para aclarar que los verdaderos conductores del cambio deben ser los intereses y actitudes del consumidor. Una de las mejores maneras de comprenderlo es ver cómo está evolucionando el seguro de coche en su acomodación al carsharing y al coche conectado, o el de salud en su aprovechamiento de las tecnologías de seguimiento y prevención de la salud de las personas. O ver cómo nacen otros, como el seguro de experiencias, individual o compartido a través de una plataforma P2P. El tractor común en todos estos casos es la demanda del cliente.

Es cierto que si no conocemos qué posibilidades arrojan las tecnologías no sabremos cómo aplicarlas en la concepción y materialización de nuevos productos y servicios. Pero igual de cierto es que subirse a una corriente tecnológica por el simple de hecho de que «hay que estar», sin conocer previamente qué busca o buscará el cliente, conduce al error de destinar esfuerzos que no llevan a ningún sitio. Hoy es un error bastante común. Hoy más que nunca hay que trabajar en entornos de prueba y error, pero sin perder la perspectiva de la estrategia de negocio.

Los ámbitos que más recientemente han irrumpido en los programas de innovación del sector asegurador son la inteligencia artificial (IA) y la blockchain. La IA se estudia principalmente para desarrollar la atención al cliente mediante los bots —mejor llamarlo así que chatbots, puesto que no todos funcionan con chat—. Por su parte, la principal ventaja de la blockchain se vislumbra en los contratos inteligentes.

Seguro que, en breve, habrá excelentes ejemplos innovadores en ambos campos en nuestro país.