Informe de McKinsey & Company

Los 18 mercados que están redefiniendo el negocio asegurador

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La inteligencia artificial está transformando el sector asegurador, pero no será la única fuerza que redefina su futuro. Según el informe ‘The strategic new arenas reshaping insurance’, elaborado por McKinsey & Company, son 18 nuevas «arenas» de crecimiento las que están empezando a remodelar la economía global y, con ella, los riesgos que las aseguradoras tendrán que cubrir en las próximas décadas.

Estas actividades, que incluyen desde la inteligencia artificial, la ciberseguridad y los centros de datos hasta la robótica, la movilidad autónoma, el espacio, los vehículos eléctricos o los medicamentos contra la obesidad, podrían generar entre 29 y 48 billones de dólares de ingresos anuales en 2040 y representar hasta un tercio del crecimiento económico mundial.

Para McKinsey, el impacto sobre el seguro va mucho más allá de la aparición de nuevas coberturas. Estas industrias están creando nuevas categorías de activos, tecnologías y responsabilidades que obligarán a replantear qué se asegura, cómo se valora el riesgo y de qué manera se distribuyen los productos aseguradores.

Del coche al algoritmo

Una de las transformaciones más profundas afectará al seguro de automóviles. La expansión de los vehículos autónomos y conectados reducirá la frecuencia de los accidentes asociados al error humano, pero aumentará el peso de riesgos menos frecuentes y potencialmente más graves, como fallos de software, ciberataques o errores de decisión en sistemas automatizados.

Al mismo tiempo, la electrificación también está modificando el perfil del riesgo. Los vehículos eléctricos presentan mayores costes de reparación y nuevas exposiciones relacionadas con las baterías, incluidas las derivadas de incendios o daños por sobrecarga. McKinsey señala que, cuando una reparación es posible, puede costar entre un 20% y un 30% más que en un vehículo de combustión equivalente.

Los nuevos riesgos nacen en el mundo digital

La investigación destaca que algunos de los mayores mercados aseguradores del futuro podrían surgir de actividades que hace apenas unos años eran marginales.

La ciberseguridad aparece como uno de los ejemplos más claros. Los riesgos derivados de ransomware, robo de identidad, vulnerabilidades en hogares inteligentes o ataques impulsados por IA están convirtiendo el riesgo ciber en una categoría propia tanto para particulares como para empresas.

También los centros de datos y los servicios en la nube están generando nuevos desafíos. Los grandes centros de procesamiento asociados a la IA ya alcanzan valores asegurados superiores a los 10.000 millones de dólares en algunos casos, mientras que una interrupción relevante de un proveedor cloud podría afectar simultáneamente a miles de empresas de distintos sectores.

Salud, genética y longevidad

El informe identifica además un cambio potencialmente disruptivo para el seguro de vida y salud.

Los tratamientos contra la obesidad basados en fármacos GLP-1, junto con los avances en medicina personalizada y genética, podrían modificar las bases sobre las que se construyen los modelos actuariales actuales. Estudios citados por McKinsey apuntan a reducciones de hasta el 20% en eventos cardiovasculares graves y a mejoras sostenidas de la mortalidad en las próximas décadas.

Si estas tendencias se consolidan, aseguradoras de vida, salud, rentas y pensiones tendrán que revisar sus hipótesis sobre longevidad, riesgo y siniestralidad.

La IA cambia el negocio asegurador

Más allá de los riesgos que genera, la inteligencia artificial está transformando la propia operativa de las aseguradoras. Desde la suscripción y la detección del fraude hasta la gestión de siniestros y la atención al cliente, la tecnología está reduciendo costes y permitiendo modelos de prevención más avanzados.

Según el informe, la diferencia es que la IA no constituye una línea de negocio aislada, sino una capa tecnológica que atraviesa prácticamente todas las actividades de la industria aseguradora.

Un cambio de paradigma

La principal conclusión de McKinsey es que el futuro crecimiento del seguro dependerá cada vez menos de los mercados tradicionales y más de su capacidad para acompañar la expansión de estas nuevas industrias.

Robots, satélites, centros de datos, vehículos autónomos, biotecnología o ciberseguridad no son solo nuevos sectores económicos. Son los nuevos espacios donde se crearán los riesgos que las aseguradoras tendrán que entender, modelizar y proteger. Y esa carrera ya ha comenzado.

 

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