El Coronavirus Covid-19 no ha cambiado el duelo, lo que ha hecho es que la sociedad empatice con lo que el duelo significa realmente para todos. Ha puesto en valor la importancia de plantear alternativas para poder llevarlo a cabo en situaciones de ausencia o confinamiento.

“El Covid-19 ha hecho visible la necesidad social de celebrar servicios conmemorativos en los que las nuevas tecnologías tengan protagonismo”

El Covid-19 ha provocado que miles de personas mueran en los hospitales en una situación de aislamiento familiar y social. Se ha generado una ola de dolor con procesos de duelo incompletos. Las circunstancias han obligado a que miles de pacientes fueran aislados para controlar la propagación de la infección y miles murieran sin compañía. Al mismo tiempo, las medidas de distanciamiento social provocaron restricciones significativas en los servicios funerarios que impidieron que se pudieran ver y velar los fallecidos con posteridad.

No poder decir adiós, se identifica como una causa que puede favorecer la aparición de duelos patológicos o no resueltos. Un duelo se convierte en patológico cuando después de un tiempo la persona sigue teniendo los mismos síntomas. Es frecuente que una pérdida no elaborada de forma adecuada de paso a problemas emocionales e incluso trastornos psicopatológicos.

La tecnología en el proceso de duelo

La pandemia evidenció que a medida que aumentaba la magnitud de la tragedia sólo la tecnología podía paliar la situación. El uso de teléfonos inteligentes, tablets y otras formas de conexión virtual permitieron conseguir alguna forma de contacto.

Muchas familias con los medios que tenían a su alcance grabaron y transmitieron los últimos momentos previos a la inhumación o la incineración, en casi completa soledad. Sin esta tragedia sanitaria, ya era evidente que las tecnologías eran un complemento que ayuda en el proceso del duelo. La emisión de vídeos y fotos con la audición de música y lectura de textos ya estaba presente de manera creciente, en muchas ceremonias fúnebres. Esta tragedia ha hecho que para miles de familias las ceremonias posteriores que se celebren con el uso de tecnología puedan reparar en alguna medida el proceso del duelo interrumpido por el confinamiento.

Mi experiencia en estos años me lleva a expresar el marketing funerario como el conjunto de actividades destinadas a satisfacer la necesidad ancestral, sentida por los seres humanos generación tras generación, de hacerse cargo de sus fallecidos respondiendo a expectativas religiosas, culturales y sociales existentes en cada momento. Se trata de ayudar a familiares y amigos a sentir que dan con dignidad y respeto el último adiós al ser querido. Nuestra función en la sociedad se traduce en prestar ayuda para superar el shock emocional y en colaborar para dar los primeros pasos del duelo.

La Covid-19 ha hecho visible la necesidad social de celebrar servicios conmemorativos en los que las nuevas tecnologías tengan protagonismo. Sin duda es un nicho de mercado que hay que atender por las empresas funerarias. La tecnología está reinventando los negocios, pero las relaciones humanas seguirán siendo la clave. Las necesidades no cambian, cambian las formas de satisfacerlas.


Vicente Luis Díaz PedrazaSOBRE EL CONTENIDO DE ESTE ARTÍCULO

Artículo de opinión publicado en revistafuneraria.com por Vicente Luis Díaz Pedraza, Economista–Asesor de Marketing.