
España se ha colocado entre los mercados de centros de datos que más crecen en Europa. ¿Cuáles son los principales riesgos de estas infraestructuras tan importantes en la actual economía digital?
El mercado de español de centros de datos comerciales ha crecido sustancialmente en los últimos años. De acuerdo con el ‘Informe anual 2025 sobre el sector de los centros de datos en España’, elaborado por SpainDC, la potencia IT instalada alcanzó los 439 MW a finales de 2025, un 24% más que un año antes.
Pero esto no ha hecho más que empezar. La asociación sectorial vaticina que dicha potencia seguirá expandiéndose rápidamente en lo que queda de década, superando los 2.500 MW en 2030.
Este crecimiento se está viendo impulsado por varios factores. Uno de ellos es el desarrollo en España de regiones de centros de datos de los denominados hiperescalares: Amazon Web Services (AWS), Microsoft, Google Cloud y Meta. Todos ellos se han instalado en nuestro país en los últimos años o tienen planes para hacerlo en breve. Y el otro gran elemento dinamizador del sector es una tendencia general: el auge de la IA.
Riesgos complejos
Los centros de datos se han convertido en infraestructuras esenciales para el crecimiento de la economía, cada vez más dependiente de la tecnología y la digitalización. Eso hace que cualquier incidente pueda tener enormes repercusiones.
“Los principales riesgos combinan alta criticidad operativa y fuerte concentración de capital. A diferencia de otras infraestructuras industriales, en un centro de datos una incidencia relativamente pequeña puede generar pérdidas económicas muy elevadas en cuestión de minutos debido a la criticidad de los servicios que soporta”, señala Enrique Moreno, socio responsable de Seguros de NTT DATA.
Y eso es algo que saben muy bien tanto los inversores como los operadores y las compañías vinculadas a la infraestructura digital. Por eso, es un asunto que cada vez se tiene más en cuenta. “El riesgo asegurador aparece cada vez antes en la conversación. Ya no se aborda sólo cuando el activo está operativo, sino desde las primeras fases de análisis, diseño y financiación del proyecto. Un centro de datos no puede valorarse como una instalación industrial más, porque concentra mucho valor, depende de terceros, exige una continuidad casi absoluta y está cada vez más expuesto a riesgos tecnológicos”, declara Robert Assink, socio fundador de Corevia Advisory.
En su opinión, esos riesgos se dividen en tres grandes bloques. “El primero es la dependencia de infraestructuras externas, como la red eléctrica, las telecomunicaciones o el suministro de agua para refrigeración. Su fiabilidad cambia mucho según la ubicación. En mercados en crecimiento, como Zaragoza, Granada o algunos puntos del arco mediterráneo, todavía no siempre hay suficiente histórico para que el asegurador se sienta cómodo valorando el riesgo”, detalla.
“El segundo bloque es la interdependencia interna. En un data center, un fallo que parece limitado puede acabar provocando una cadena de incidencias en sistemas críticos”, añade.
Y el tercer gran riesgo es la responsabilidad frente a clientes, “especialmente en entornos cloud, colocation o entrenamiento de IA, donde una interrupción puede tener consecuencias económicas y contractuales difíciles de acotar”, especifica.
Además, el experto de NTT Data pone el acento en que “desde el punto de vista asegurador, el reto es que un incidente puede provocar a la vez daño material, pérdida de ingresos, penalizaciones contractuales y deterioro reputacional, lo que requiere analizar el riesgo combinado de posibles desastres”.
Pero los riesgos surgen incluso antes de comenzar a operar, en la fase de construcción. “Los riesgos con mayor potencial de impacto son los retrasos en el suministro de equipamiento crítico —transformadores de alta tensión, sistemas de refrigeración de alta densidad o sistemas de alimentación ininterrumpida (UPS, por sus siglas en inglés)—, los errores de integración entre sistemas interdependientes —eléctrico, refrigeración, monitorización y alarmas— y los daños o fallos de configuración durante las pruebas de puesta en marcha”, pormenoriza Gísli Kr., CEO de Alto Infrastructure. Asimismo, el responsable de NTT Data destaca que “pesan los retrasos, la escasez de equipos críticos y la integración de sistemas”.
Y también existen riesgos financieros. “Cualquier desviación en plazo repercute directamente en los compromisos con clientes y en el retorno del capital invertido”, señala Gisli Kr.
Clima e infraestructuras, determinantes
Existen algunos riesgos ligados estrechamente a la ubicación de los centros de datos, como los riesgos climáticos o la dependencia de infraestructuras críticas, como electricidad, agua y telecomunicaciones. Y esto impacta en el seguro.
“La gestión del riesgo empieza mucho antes de asegurar, contemplando la elección del emplazamiento, modelización climática, acceso a energía fiable, disponibilidad de agua, redundancia de telecomunicaciones y capacidad de recuperación. Las aseguradoras están prestando más atención tanto a riesgos agudos —inundación, tormenta, calor extremo— como a riesgos crónicos —sequía o estrés de red—. Eso obliga a un diálogo más temprano y técnico con el mercado, con más datos y más evidencia objetiva de capacidad de recuperación. La conversación ya no gira únicamente en torno al precio, sino sobre la asegurabilidad del riesgo y la capacidad de demostrar resiliencia, especialmente en un entorno de cambio climático donde cada vez generan mayor incertidumbre las sequías, calor extremo o riesgos de apagones”, declara Moreno.
Igualmente, el fundador de Corevia Advisory indica que “la dependencia de infraestructuras críticas pesa muchísimo en cualquier análisis”. “La conexión a la red eléctrica, la disponibilidad de potencia firme y los plazos reales de acceso a energía son ya variables decisivas para inversores, operadores y aseguradoras”. Asimismo, señala que “los riesgos climáticos también están ganando peso, especialmente en zonas expuestas a estrés hídrico, olas de calor o eventos meteorológicos extremos”.
Como consecuencia de ello, considera que “la ubicación ya no es sólo una cuestión de coste o conectividad, sino que se ha convertido en una variable central de riesgo”.
La IA dispara los riesgos
El boom de la IA está impulsando la construcción de centros de datos de mayor tamaño y densidad energética, multiplicando los riesgos operativos. “La IA está cambiando mucho el perfil de riesgo de los data centers. Las cargas de trabajo asociadas a entrenamiento e inferencia necesitan densidades energéticas muy superiores a las tradicionales. Esto significa más potencia y más calor concentrados en menos espacio y, por tanto, más presión sobre la refrigeración, la distribución eléctrica y la capacidad de respuesta ante fallos”, explica Assink.

En esta misma línea, Gisli Kr. comenta que “el primer riesgo deriva del aumento de la densidad por rack”, las estructuras en las que alojan y organizan los equipos electrónicos que albergan los centros de datos. “En pocos años, las cargas consideradas de alta densidad han pasado de decenas de kilovatios por rack a niveles muy superiores, impulsadas por la demanda de GPU para entrenamiento de modelos de IA. Para refrigerar estas densidades, los operadores necesitan incorporar sistemas de refrigeración líquida directa al chip. Ya no se trata de una opción tecnológica, sino de un requisito operativo. Sin embargo, estas soluciones introducen nuevos riesgos: posibles fugas de agua, compatibilidad entre componentes, mantenimiento especializado y protocolos que todavía están madurando en el mercado europeo”, pormenoriza.
Además, apunta otro nuevo riesgo ligado al auge de la IA: “el riesgo de obsolescencia acelerada, con implicaciones directas sobre la valoración aseguradora de los activos”, anota. “Las nuevas generaciones de chips y arquitecturas GPU cambian a gran velocidad, mientras que los calendarios contables y de amortización pueden extenderse durante varios años. Para el asegurador, esta tensión entre vida económica real y vida contable declarada plantea un reto relevante: determinar el valor asegurado adecuado en un contexto de rápida depreciación tecnológica”, aclara.
Y un tercer riesgo que emerge de la mano de la IA es la concentración de riesgo sistémico. “Cuando en una misma instalación se concentran centenares de millones de euros en hardware de última generación, el impacto potencial de un incidente mayor alcanza una escala distinta a la de un centro de datos tradicional. En instalaciones especializadas en entrenamiento de IA, donde los clientes ejecutan procesos de semanas sobre clústeres de máxima generación, la concentración de valor expuesto en un único evento es un parámetro que el mercado asegurador todavía está aprendiendo a modelizar de forma consistente”, comenta.
Assink considera que esto hace que las aseguradoras se tengan que plantear “preguntas muy concretas sobre acumulación, límites disponibles, reposición de equipos, tiempos de sustitución y dependencia de cadenas de suministro globales”. Asimismo, Moreno opina que el reto para las entidades “no es sólo asegurar más valor, sino entender mejor los escenarios de fallo sistémico y su impacto simultáneo en daño material, continuidad y responsabilidad contractual”.
Otros riesgos emergentes
Además, de los ya apuntados, en el horizonte se vislumbran otros riesgos emergentes.
- Regulación. “Europa avanza hacia marcos regulatorios más exigentes para IA e infraestructuras críticas, como AI Act, NIS2, CER, DORA. El incumplimiento regulatorio puede generar pasivos que hoy no están suficientemente integrados en las coberturas aseguradoras estándar”, advierte el CEO de Alto Infrastructure. Igualmente, el fundador de Corevia Advisory subraya que el incumplimiento de estas obligaciones puede hacer que aparezcan “responsabilidades que no siempre encajan de forma clara en los programas aseguradores actuales”.
- Soberanía digital. La estrategia de soberanía digital promovida por la Unión Europea también impacta. “Las exigencias de localización de datos, las restricciones sobre propiedad de infraestructuras críticas y las tensiones geopolíticas pueden influir tanto en la asegurabilidad de determinados activos como en la interpretación de coberturas en escenarios de conflicto, sanciones o interrupciones transfronterizas”, detalla Assink.
- Modelos de IA. “A medida que más cargas críticas se entrenan o ejecutan en centros de datos, surgirán preguntas sobre hasta dónde llega la responsabilidad de la infraestructura si un modelo causa daños a terceros por errores, sesgos, fallos de seguridad o usos indebidos”, comenta Assink. Igualmente, Gisli Kr. apunta que el despliegue de estos modelos de IA en aplicaciones críticas, como sanidad, finanzas o infraestructura, podría impactar en la cadena de responsabilidad, extendiéndose hacia atrás hacia los proveedores de servicios que los entrenaron. “Es territorio asegurador todavía sin mapear”, sentencia.
- Ciberseguridad. “Los ataques a entornos OT, la manipulación de firmware o la interferencia en procesos de entrenamiento de IA son escenarios que no siempre quedan bien cubiertos por las pólizas ciber tradicionales”, comenta Assink. Asimismo, el portavoz de Alto Infrastructure anota que “el robo o la manipulación de modelos en entrenamiento, como model poisoning o exfiltración de pesos, es una amenaza emergente que los seguros ciber tradicionales no cubren con suficiente especificidad”.
- Capacidad del mercado asegurador. El fundador de Corevia Advisory señala que “si el crecimiento de los data centers mantiene el ritmo actual y se producen varios siniestros relevantes en paralelo, la capacidad disponible podría tensionarse”. “Eso tendría impacto en precios, límites, franquicias y condiciones”, concluye.
En la siguiente entrega de esta serie de reportajes analizaremos cuáles son los incidentes más frecuentes y más costosos que pueden sufrir los centros de datos, las coberturas esenciales con las que deben contar -tanto en la fase de operación como en la construcción- y cómo se está adaptando el sector asegurador a los riesgos de estas infraestructuras.
Centros de datos. ¿Cómo responde el Seguro a sus riesgos? (II)

