
La tecnología, los espacios de trabajo y la gestión de personas siguen funcionando como compartimentos estancos en muchas organizaciones. Y ese desajuste tiene un coste. Según el informe ‘workplace-equation-2026’, elaborado por Logitech a partir de una encuesta a 1.700 responsables de experiencia de empleado, recursos humanos, tecnología y facilities en 11 mercados, el 94% de las organizaciones reconoce que la experiencia laboral no ha logrado apoyar adecuadamente el trabajo en algún momento.
El estudio sostiene que la productividad del futuro no dependerá únicamente de disponer de mejores herramientas o mejores oficinas, sino de la capacidad para integrar personas, espacios y tecnología como un único sistema. Sin embargo, solo el 27% de las empresas trata actualmente la experiencia de trabajo como una prioridad estratégica de negocio.
Las consecuencias de esa falta de integración son tangibles. Cuando la experiencia laboral falla, las organizaciones identifican pérdidas de productividad (51%), retrasos en proyectos (45%), incremento de costes (43%) y deterioro de la experiencia de empleado (42%).
El problema no es la tecnología, sino la fricción
El informe identifica una paradoja llamativa: aunque el 97% de los directivos encuestados se muestra convencido de que está tomando las decisiones correctas sobre el entorno de trabajo, la mayoría admite que la tecnología sigue generando obstáculos cotidianos.
El 71% afirma que los empleados experimentan problemas tecnológicos al menos ocasionalmente, mientras que un 30% asegura que estos incidentes son frecuentes. Cuando se produce una incidencia técnica durante una reunión, la pérdida media de tiempo supera los 12 minutos por persona y en algunos casos supera los 16 minutos.
Para Logitech, esta fricción no es un problema tecnológico aislado, sino un fallo de diseño organizativo. El estudio revela que únicamente el 24% de las compañías involucra a los equipos de IT y audiovisual antes de iniciar el diseño de nuevos espacios de trabajo, lo que significa que la tecnología suele incorporarse cuando las decisiones clave ya están tomadas.
La oficina cambia de función
La investigación también apunta a una transformación del papel de la oficina física. Durante los próximos tres años, los responsables de experiencia laboral esperan que los espacios corporativos se utilicen menos para reuniones tradicionales y más para actividades de colaboración, formación práctica o acceso a espacios especializados.
De hecho, el 89% considera que la oficina sigue ofreciendo experiencias que los empleados no pueden obtener en otros entornos de trabajo. Las áreas colaborativas aparecen como la principal prioridad de inversión y rediseño, por delante de los espacios sociales o de concentración individual.
La IA entra en la gestión del entorno de trabajo
Uno de los hallazgos más relevantes para el futuro del trabajo es el creciente uso de inteligencia artificial para gestionar oficinas y entornos laborales.
Más de la mitad de las organizaciones ya utiliza IA para generar alertas, realizar mantenimiento predictivo u optimizar el uso de espacios. Además, la habilitación de capacidades de IA aparece como la principal prioridad de inversión para los próximos dos años, citada por el 55% de los líderes consultados.
Sin embargo, la madurez sigue siendo limitada. Solo el 9% de las organizaciones encaja en la categoría de empresas «avanzadas», es decir, aquellas capaces de medir continuamente, automatizar decisiones y optimizar de forma proactiva la experiencia de trabajo. La mayoría permanece en fases intermedias de desarrollo.
Del lugar de trabajo al sistema de trabajo
Más allá de la tecnología, el informe plantea una reflexión de fondo: la experiencia de trabajo ya no puede gestionarse desde departamentos separados.
Actualmente, solo el 34% de las empresas dispone de una función unificada responsable de coordinar las decisiones relacionadas con personas, espacios y tecnología.
Para Logitech, las organizaciones con mejores resultados son precisamente aquellas que logran conectar estas tres dimensiones, medir su impacto y utilizar los datos para adaptar continuamente la experiencia laboral. En un contexto marcado por el trabajo híbrido, la digitalización y el auge de la inteligencia artificial, la próxima ventaja competitiva podría no estar en la oficina ni en la tecnología, sino en la capacidad de hacer que ambas funcionen juntas sin que el empleado tenga que pensar en ello.

